domingo 4 de enero de 2009

Los Hijos

Siempre pensé que a esta edad iba a tener hijos. Bueno, eso de que "siempre" lo pensé no es tan así, pero al menos, durante al menos la mitad de mi vida lo creí.
Eso de crecer, estudiar, casarse, y tener hijos, era lo que había aprendido y pensaba que me iba a tocar la misma historia, de la A a la Z.
¿De qué me perdi?

2009

Es raro, pero no me siento de casi 40 años. No sé si es porque no tengo hijos, lo que traería las tan sabidas responsabilidades, o porque tengo buena salud, y los "achaques" que tengo, son menores, y no se diferencian de los que siempre he tenido.
¿Será que cuando tenga casi 50 sabré que es tener 40?

martes 24 de junio de 2008

Leo con cierta regularidad el blog de Yoani Sánchez, valiente cubana que decidió decir lo que piensa. Si bien he ido a Cuba varias veces (la última recién llegado Chávez), lo que relata Yoani en su blog Generación Y, no se acerca a lo que vi como turista, con algunos dólares en el bolsillo y la preferencia de entrada a donde prácticamente me daba la gana. Sus escritos retratan de manera clara lo que pasa en su bella isla y sin poder evitarlo, hace que tema por el futuro de mi país.
Yoani, ojalá y puedas escribir de cosas más agradables en un futuro próximo. Que los hijos de tu país conozcan otra vida, mejor a la que tiene sus padres. Este rezo también va por mi Venezuela.

viernes 6 de junio de 2008

Amigos


Me reuní con unos amigos que tenía mucho tiempo sin ver y una de las cosas que más me gustó fue ver cómo a pesar de que pasen los años, siguen disfrutando de las cosas sencillas, la compañía de sus amigos, y que en el fondo, siguen siendo las mismas buenas personas que conocí al final de mi adolescencia.
A todos nos han pasado muchas cosas en todos estos años, desde la muerte de padres, hermanos, la bendición de los hijos, fracasos profesionales, mudanzas, enfermedades, que han dejado más aprendizaje que pena.
Me gusta retomar el hilo de conversaciones que quedaron pendientes hace más de 2 años, ponernos al día de nuestras familias, o cómo seguimos teniendo los mismos hábitos que siempre fueron objeto de un chiste.
Sé que las cosas cambian, pero que bueno es comprobar que sólo falta marcar el número de teléfono de cualquiera de tus amigos y pedir verlos. Así, sin muchas explicaciones ni excusas. Verlos porque sí.

viernes 30 de mayo de 2008

Hospital

Tenía años sin ir a un hospital público, y los olores y texturas me llevaron inmediatamente a mi infancia.
Recuerdo que cuando era pequeño y teníamos que ir al hospital para hacernos algún examen o consulta, mi mamá nos levantaba súper temprano, de madrugada, para poder tomar un número que nos permitiera ser uno de los primeros en ser atendidos. ¡Claro! Eso no garantizaba que el médico llegara, pero al menos había la esperanza de no perder toda la mañana en el hospital.
Recuerdo perfectamente que siempre estaba muy oscuro al salir, hacía frio, y siempre había gente caminando apresuradamente en la calle. La mayoría iba su trabajo, ninguno estaba haciendo deporte. Caminábamos hasta el hospital y en muy pocas ocasiones tomábamos el autobús. Eso nunca me pareció extraño, caminábamos siempre a donde podíamos sin pausa.
El área de consulta externa del hospital siempre estaba muy tranquila a esa hora, quieta. Me encantaba explorar los pasillos mientras mi mamá encabezaba la fila que poco a poco se iba formando tras ella.
Subía y bajaba las escaleras, recorría los pasillos una y otra vez en busca de no sé qué. No me daba miedo ¿Qué cosa mala te puede pasar en un hospital?
No recuerdo haber notado la desidia, la falta de medicamentos o la suciedad de las instalaciones. Solo notaba el malestar y frustración de los adultos cuando el médico no llegaba.
Veía a los pacientes que esperaban con un ojo tapado con gazas ¿Qué habrá visto antes de dañarse?, notaba las manos vendadas ¿Qué habrán tocado antes de herirse? Siempre me preguntaba qué cosa los había llevado a estar allí en esas condiciones, ya que no recuerdo nunca haber estado en un hospital enfermo, o al menos sintiéndome mal físicamente. Nunca me dolía nada. Yo estaba allí para explorar aquellos pasillos y de vez en cuando para que un médico me dijera que estaba bien.

domingo 25 de mayo de 2008



Los recuerdos que tengo de la TV cuando era niño son definitivamente más felices que las sensaciones que me provoca hoy en día. No creo que viera tanta televisión, ya que en la tarde, hacía las tareas, jugaba y según recuerdo, nos acostábamos bastante temprano en la noche. Es más, en las vacaciones era todo un reto poder ver la película del domingo que empezaba a las 9 de la noche. Siempre me quedaba dormido.
Con la TV de hoy en día no me siento a gusto. Me parece mala y de una calidad deplorable, pero lo que más me molesta no son sus intentos de contarme todos los chismes de Paris Hilton o de cómo la prensa del corazón se empeña en contarme el color de la mierda de la amante, del novio de una prima, de un amigo del señor que una vez le pisó los cayos a la duquesa de Alba, y que por cosas del destino, participó en un reality show, dijo groserías, se emborrachó y se acostó con otro participante del “show”. No, eso no es lo que más me molesta, me molesta cómo se ha metido en mi cuarto, cómo me roba momentos de conversación, y por qué no, de silencio con mi pareja. Quien, feliz de la vida, se devora todo lo que sale por la celestina mecánica, nombre que le dio una vez nuestra amada y odiada Marta Colomina hace ya muchos años, a ese aparato que nos entretiene, nos informa o nos aburre.
TV, ojalá y te viera en el presente cómo lo hacía en el pasado. Ojalá y siempre que estuvieras encendida en el cuarto (Donde no perteneces) estuvieras contándonos cómo ser mejores personas o cómo comunicarnos mejor con quienes queremos. Nos estuvieras mostrando esos lugares del mundo que siendo tan diferentes a nuestros paisajes, hablan de nosotros mismos. Ojalá y fueras más educativa y menos sexy. ¡Qué bueno sería que no criaras a nuestros niños! Sino que fueras una herramienta para que aprendieran sobre ellos mismos.
Espero que algún día cambies, o que nosotros cambiemos tanto, que te hagamos cambiar para bien.

martes 20 de mayo de 2008

Escala de Grises



¿Serán capaces los perros de ver las cosas más claramente a pesar de no precibir los colores? A veces creo que sí.
Me sorprende cómo un perro puede ver en su dueño bondad, a pesar de que todos sus vecinos lo consideren el señor más cascarrabias del edificio, o cómo algunos perros son capaces de acostarse a los pies de personas que apenas conocen y que son más repelentes que político en campaña.
Los perros nos conectan con lo mejor de la gente. Habrá que empezar a percibir como un perro a ver si nos deslastramos de tanta basura.